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Zaf

domingo, 18 de febrero de 2018

Ignacio, Mauricio y Francisco.


“A fin de cuentas, todo es un chiste” (Charles Chaplin)

IGNACIO: Cuando Ignacio de Loyola aún no era santo, pero se esforzaba para conseguirlo, algo que logró 66 años después de su muerte ocurrida en 1556, no estaba Tinelli y su circo, tampoco Netflix, ni menos Facebook, pero la carne ya era débil.
Y cuando digo la carne ya era débil no me refiero a la nalga para hacer milanesas, sino a las nalgas, contorno incluido, que todos los humanos portamos en esa zona donde la espalda cambia de nombre y que aparte de cumplir importantes funciones en la vida diaria de las personas es como una especie de Sodoma y Gomorra personal donde se genera una atractiva variedad de pecados que hay que ser muy pero muy íntegro para no caer en la tentación.
Supongo que una percepción similar fue la que animó al bueno de Ignacio que en sus años mozos fue militar y vivió bastante para la época (murió a los 65 años) cuando se le ocurrió ese acto de contrición que se llamó luego “Ejercicios espirituales” como una manera de quitar nuestros pecados, sobre todo los habituales conocidos también como afecciones desordenadas, que no detallo pero que todos sabemos cuáles son.



MAURICIO: Cada vez que nuestro Presidente se reúne unos días con sus colaboradores, la prensa o alguna prensa, califica a ese encuentro como “los ejercicios espirituales del gobierno”.
Nada más lejos de la realidad, yo me atrevería a decir que estas reuniones tienen una más directa relación a cualquiera de los “Coloquio de Idea” organizado por El Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina que a lo ideado por Ignacio.
                                                                    
FRANCISCO: El señor Papa, espero no se tome esto como una irreverencia hacia su investidura, pero no puedo llamarlo “su santidad” porque sus nalgas y las mías son del mismo material, y porque llamarlo “Pancho” como Maradona lo hace, me parece si, muy irreverente.

Pero estuvo bien pancho el Sr. Papa, cuando utilizando el tema de los ejercicios espirituales le sacudió por el lomo al Ministro Triaca una crítica por elevación al manifestar en el Pontificio Colegio Maronita lo mal que actúan aquellas personas que desprecian a las empleadas domésticas, no les pagan un salario justo o no les conceden los días de vacaciones que les corresponden, y pidió una reflexión general para analizar cómo la sociedad trata a estas personas.
Por si no quedó claro, lo dijo el Papa Francisco en el Vaticano, no en un foro de la O.R.IT, o de la O.I.T.
No contento con eso agregó para alegría de Mauricio, lo siguiente:” "Mi ayuno ¿llega a ayudar a los demás? Si no llega, es ficticio, es incoherente y te lleva por el camino de una doble vida. Hago de cuenta que soy cristiano, justo. cómo los fariseos, como los saduceos. Pero por dentro, no lo soy"
 "Pedir humildemente la gracia de la coherencia. La coherencia",
 "Si yo no puedo hacer una cosa, no la hago. Pero no hacerla incoherentemente. Hacer sólo lo que yo puedo hacer, pero con coherencia cristiana.
Yo seré mal pensado, pero solo le faltó decir” Mejor que decir es hacer, y mejor que prometer es realizar” y en lugar de rosarios distribuir entre los creyentes este escudito:


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