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domingo, 22 de mayo de 2016

Fornicación, no, confusión.¡

El hombre es fuego,
La mujer estopa.
Viene el diablo y sopla.
Entonces sucede esto: ”Un escándalo sacude a un pequeño pueblo de Entre Ríos. Es que un cura de la localidad de María Grande, ubicada a 65 kilómetros de Paraná, fue apartado de su función en la Parroquia María Auxiliadora. El cura en cuestión según la certeza que maneja ahora la Iglesia Católica, mantuvo relaciones sexuales con una chica, producto de lo cual sobrevino un embarazo.”

En un principio el sexto mandamiento decía:” No fornicar” y el noveno “No desearás la mujer de tu prójimo” pero luego por razones que no dudo, la Iglesia que maneja la franquicia habrá evaluado concienzudamente fueron modificados en su redacción tipo DNU (decreto de necesidad y urgencia) y quedaron así:  6º No cometerás actos impuros.  9º No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
Claro, no fornicar resultaba fonéticamente duro y tentador para agarrar el diccionario en tiempos pasados o Wiki ahora y enterarse que fornicar significa según la Real Academia “Tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio.” casi a contramano de aquello de: Creced y multiplicaos, pues todos sabemos lo que a veces pasa cuando por decirlo poéticamente “hacemos el amor”.

Lo del amor suena muy bonito pero en realidad como decía mi abuelo cuando uno anda con toda la leche en el lomo, convergen una serie de pequeños terremotos que sacuden el cuerpo de ambos implicados que luego, bueno, harán “el amor” fornicarán o cómo te venga llamarlo, donde participan los cinco sentidos desde los ojos hasta la nariz y aún más  allá. Todas sensaciones que vienen ya incorporadas en el genoma humano y no te podés quitar ni con alta cirugia.
Y  aquí aparece el primer problema para los curitas pues ellos:” han renunciado, como ofrenda a Dios, a casarse y a tener vida sexual para entregarse totalmente al Creador”
Es más, ni siquiera mirar pueden : “Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 27-28).

Resumiendo: por un lado te dicen” «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón» y «amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mc 12,31). y posteriormente: .“¡No desearás la mujer de tu prójimo! “para luego volver a cambiar: No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
Finalmente si la fémina no está esposada con prójimo, es decir no es la mujer del tipo, pero si es tu prójimo, pues no es tu hermana, ni tu novia, ni nada parecido, solterita y sin apuro y en edad de merecer, es pecado copular con ella, o forma parte del Génesis: Creced y multiplicaos ?
Lo dicho, todo se debe a una gran confusión..¡¡¡



Fuentes: padrepio.catholicwebservices.com/radiomaria.org.ar/ 
infocatolica.com/focus.it/telefenoticias.com.ar/desmotivaciones.es/c


domingo, 7 de noviembre de 2010

El sexto mandamiento.

Dicen que un dicho muy popular entre los curas es “no hagas lo que yo hago ni digas lo que yo digo” como estableciendo un límite entre nosotros simples mortales, y ellos “ministros de Dios”
No voy agregar nada nuevo a lo ya dicho por muchísimos otros medios sobre el escandalete que se produjo en Trujillo (Perú) entre el cura José Antonio, su fámula Teodolinda y el marido de ésta y cornudo en discordia, perdón tercero en discordia.
El marido se enojó mucho cuando encontró a su Teodolinda acostada con el cura y le recriminó “Como dices a los hijos que estás haciendo limpieza, y mira donde te encuentro”,
Desde mi punto de vista la señora decía la verdad pues cuando la pillan in fraganti ella muy hacendosa le limpiaba una  obstrucción notoria a simple vista, debajo del ombligo de don José Antonio el cual de inmediato confesó:”Yo reconozco, es mi falta. Es una trampa en la cual yo he caído”.
De acuerdo a la información  que pude recoger  antiguamente dos mandamientos de los diez, se ocupaban de estas cuestiones. El sexto que antes decía: No fornicar, y que luego fue cambiado por:” No cometerás actos impuros y el noveno que en su versión primaria decía: No desear la mujer de tu prójimo (algo en lo que estábamos todos de acuerdo, no hay que desearlas, sino darles directamente) que también recibió un retoque (no sé bien de quién o quiénes) y quedó redactado así: “No consentirás pensamientos, ni deseos impuros”, con lo cual  tanto en la versión antigua como en la nueva el presbítero  estaba hasta la tonsura.
Don José Antonio dice que es muy difícil resistir la tentación por aquello de “El hombre es fuego, la mujer estopa, viene el diablo y sopla.” y  así pasa lo que viene pasando desde Adán y Eva, la que sigue repartiendo manzanas a diestra y siniestra, con otros rostros y con otros nombres, a los incautos adanes que aceptan morder el fruto prohibido.

El affaire de José Antonio y Teodolinda me hizo recordar a un relato de lo sucedido en un pueblito de España, entre el cura de la aldea,  su asistente Pedro y la mujer de éste.
El cura era bastante goloso y sus feligreses en conocimiento de esta debilidad, esperando ganarse el cielo con ello, le hacían llegar periódicamente ricas tortas, buenos vinos, algún que otro cabrito bien preparado, buenos jamones y riquísimos quesos, algunos de los cuales jamás llegaban a sus manos pues el muy ladino de Pedro su jardinero y sacristán los confiscaba, tal vez a pedido de su esposa para que al cura no le creciera más su ya abultada panza.
El cura usando una artimaña le recordó a Pedro que hacía tiempo que no visitaba el confesionario y que esto no era bueno para su salud espiritual.
A regañadientes Pedro aceptó pasar por el confesionario y este fue el diálogo que allí se produjo: Dime Pedro, me oyes bien.
-Si padre, fuerte y claro.
-Bien Pedro, tu sabes que mis feligreses generosamente me hacen llegar todo tipo de obsequios, muchos de los cuales han desaparecido sin ninguna explicación, que me puedes decir de eso?
- a lo que Pedro responde: No se oye nada padre.
-Como que no oyes Pedro, ya a ti te oigo perfectamente y  un tanto molesto le repite la pregunta, a lo que Pedro vuelve a responder: No se oye nada padre.
Sale el cura del confesionario y le dice: A ver, ve tú allí dentro que yo ocuparé tu lugar, no puede ser que no me escuches.-
Entra Pedro en el confesionario, verifica que el cura le escucha bien, una y otra vez, y luego pregunta: “ Padre,  esto Ud. lo sabrá tan bien como yo, quién se acuesta con la mujer de Pedro?
A lo que el cura con voz débil responde: No se oye nada Pedro.
Ite relatum est.
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