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viernes, 5 de agosto de 2016

Se presume inocente.


Desde Cesare Bonesana, marqués de Beccaria, (1738/1794) hasta la actualidad el principio jurídico de la presunción de inocencia está vigente en la mayoría de los países democráticos, y el nuestro pese a algunas cosas que necesitan un reacomodamiento, lo es.

Mucha gente, y así parezca un pobre argumento decir mucha, cree y con razón que el periodismo es culpable de crear esa especie de fetiches humanos que a fuerza de repetición, repetición repetición, pasan a formar parte de ídolos intocables a quienes nada ni nadie puede juzgar, ni siquiera criticar.
La señora Hebe de Bonafini, es uno de esos fetiches.
Dice ante una convocatoria de la Justicia, repetida en estos días que ella no es una delincuente, que esa calificación le viene bien a otros, pero en lugar de presentarse y señalarlos con el dedo de su verdad, se ofende, despotrica contra el magistrado que la convoca, se siente una perseguida política, se acuerda a cada momento del neo presidente Macri a quien dedica frases propias de algún integrante de los borrachos del tablón, y como mula terca, se empaca, se emperra, se obstina.
Y entonces los comunicadores dicen: Yo la entiendo a Hebe, está grande (¿¡) el Juez debiera ir a su casa a tomarle declaración.

Porque; no sé

Mientras Hebe les hace pito catalán se va a Roma, a la plaza todas las semanas, con frio o lluvia con una energía que muchos le envidian, putea, hace política partidaria kirchnerista, manda al carajo al Juez, ante un  inexplicable grupo de “representantes populares” entre ellos varios ex funcionarios del anterior gobierno que aplauden como cuando estaban en la Rosada, utilizando a esa Señora anciana a la que dicen proteger para ver si aún pueden con estas acciones lograr un poco de cartel, ese que ya no brilla porque al quedar al descubierto la farsa en la que actuaron durante doce años fueron bajados de la cartelera principal.
Tal vez por eso, nadie quiere ser quien le ponga el cascabel al gato.

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