****************

Buscar en este blog

Mostrando entradas con la etiqueta amores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amores. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de mayo de 2017

Cosas de la vida breve 16

Gestos
Gírate, mueve tu cuerpo hacia mí con la inocencia fingida del acto casual.
Y después ladea la cabeza y, con la mano, aparta hacia atrás el cabello en gesto que descubra tu cuello, como si el pelo te estorbase para hablarme, como si el giro de la cabeza y el vuelo de la melena fuese el movimiento de una danza espontánea.
Después mírame como si yo ocupase toda la capacidad que de ver tienes, llenándome de tus pupilas que se agradan y se fijan en mí con interés exclusivo.
En un momento dado te pintarás la boca con lenta parsimonia y frotarás un labio contra otro, procurando que yo siga todo el proceso sin perder un detalle.
 A continuación, tendrás la necesidad de arreglarte el pliegue de tu falda mientras hablas
distraídamente de cualquier cosa que ninguno de los dos va a recordar más tarde.
Por fin, tropezará tu cuerpo con el mío en el movimiento impreciso de una leve torpeza.
¡Qué cantidad de palabras de amor puedes decirme en el
idioma universal que todos conocemos!.

Compartida y comprada

Antes me sentía avergonzado, pero ya no.
Al principio lo ocultaba, iba como uno más a verte, pero ahora ya todos lo saben,
pues yo lo proclamo.
Ahora digo que te quiero en público y digo que mi amor por ti es infinitamente más grande que las monedas que me  pides a cambio.
Ahora espero mi turno con la cabeza alta.
Las noches de fiesta, cuando más difícil es verte, ya me he acostumbrado a esperar y compartirte con otros hombres.
Esos días no me importa estar en la barra del bar hablando con los camareros hasta que quedas libre y yo accedo a ti.
No; bien sabes que ya no soy celoso.
Por las mañanas respeto tu descanso: nunca insisto en verte.
En las mañanas pienso en cómo descansas, en la postura de tu cuerpo dormido y agotado por tantos ansiosos que te quisieron unos minutos la noche anterior.
 Esa es la diferencia, tú lo sabes.
Ellos te aman, porque es imposible no quererte, pero el amor de esos pasajeros dura los minutos de tu alquiler.
Mi amor no termina con el fin del tiempo que compré con los billetes que siempre pides. Mi amor se queda a la espera de que pase la mañana en la que duermes.
Mi amor queda a la espera de que salgas a la calle de nuevo o te arrimes a la barra del bar habitual.
Mi amor es paciente y duradero, y aguarda el turno que me corresponde tras el cliente que me precede.
Mi amor te proclama como la más bella de todas, la más maravillosa de entre ellas. Ninguna de las que se acercan a las ventanillas de los coches o ponen sus pechos sobre los clientes de un bar es tan tierna como tú.
Lo he dicho muchas veces en los últimos tiempos sin ninguna vergüenza: te quiero.
Te quiero aunque sea compartida. Te quiero aunque tenga que robar para pagar el ínfimo precio que me pides.
Te quiero aunque te rías y me señales el reloj cuando mi tiempo se termina.
Te quiero aunque me pidas más dinero del que tengo. Te quiero aunque note tu aburrimiento cuando te penetro. Te quiero aunque me olvides con la siguiente conquista que haces en la calle o en el bar. Te quiero por encima de tus gestos de asco cuando crees que no te veo.
También te quiero cuando te vas cansada y sola en la madrugada.
Lo gritaré muy alto y muchas veces.
Ya no me avergüenza decirlo.





Recopilación y adaptación de textos anónimos:
fuente: www.escolar.com

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cosas de la vida breve 11

Desamor
Le dijo que no podía imaginar cuánto le amaba. Se lo repitió
de nuevo, pero esta vez llorando. Por fin, guardó un dolorido
silencio. Él la miraba distante, con gesto de extrañeza. Después
contestó muy despacio que, en efecto, era incapaz de imaginarlo.

Indiferencia
Ella le dijo: "Mírame, por favor". El siguió acostado y fumando
con los párpados caídos. Cuando la puerta se cerró tras la mujer,
abrió los ojos y expulsó lentamente, con indiferente suavidad, el
humo de sus pulmones.

Recuerdo
La miró como si fuese una desconocida. Ella insistió en que
eran antiguos amigos, pero él, en cambio, persistía en no
reconocerla. Cuando la mujer se iba, un destello en el cerebro del
hombre le impulsó a llamarla por su nombre.

Soñando quizás
Se hallaba perdido, y preguntó al primero con el que se cruzó
dónde estaba. Resultó que se encontraba en una ciudad a la que no
recordaba haber llegado nunca, por lo que supuso que soñaba y no
le dio mayor importancia.

Reencuentro
Creyó reconocer a una antigua amante al otro lado de la
transitada calle. Mientras esperaba el permiso verde del semáforo,
ella se perdió entre el gentío. Él corrió hacía el lugar donde la había
visto y desde allí volvió a reconocer su figura unos metros más lejos.
Cuando quiso llamarla, se percató de que había olvidado su nombre.
Entonces pensó que era inútil el reencuentro.

Música
Cambió una sola nota de la partitura. Nunca logró saber si fue
un fallo o un acto inconsciente. Cambió una nota musical y todo el
conjunto de la orquesta sonó distinto. Por ello fue vilipendiado,
criticado y finalmente expulsado, pero él estaba convencido de que
la composición musical había sonado mejor con su nota cambiada.

Mal día
El camarero le sirvió con desdén. El señor que estaba a su lado
le miró de reojo sin ocultar un gesto de malestar. Antes, al entrar, un
niño le había dado una débil patada. Este hombre triste tomaba su
amargo café en el mostrador de una cafetería rodeado por un mundo
hostil.
  
Dormir y soñar
El día amaneció dubitativo. La luz incipiente y escasa no se animaba a despuntar y la
atmósfera estaba densa y apagada. El mundo no terminaba de despertar. Las nubes embadurnaban un cielo que no se adivinaba, por lo que la noche estiró más sus horas de incertidumbre. Fue por todas estas causas que, cuando me asomé al balcón, no consideré que el universo me fuese propicio para iniciar la jornada. Regresé al lecho lentamente, acomodé mi
cuerpo en la postura más pacífica y cerré los ojos a la espera de amaneceres más halagüeños.Recopilación de textos anónimos:Fuente www.escolar.com



En la imágen:Adriana Lima

viernes, 16 de mayo de 2014

Cosas de la vida breve 9.

¿Desconocida?

Al verla, incluso sin conocerla de antes, supe de inmediato que aquella joven sentía pasión por la pintura en la que predominase el amarillo, asimismo adiviné o intuí que amaba los girasoles, que tenía predilección por los atardeceres sombríos de cielo encapotado y que su día preferido de la semana era el lunes en verano y el viernes en invierno.
Igualmente presentí, con notable claridad, que cenaba sopa todas las noches, sorbiéndola cuando estaba sola, y que se despertaba invariablemente hecha un ovillo, también si lo hacía sin compañía.
Fue así de sencillo y de sorprendente, quizás milagroso. Fue verla por primera vez y saber de ella tanto como si llevásemos una vida juntos.

Amor rudo

Me dijo que se iba, que me abandonaba.
Lo di por bueno, aceptándolo con tristeza, y no contesté.
Oculté un íntimo dolor, aunque ella debió de notarlo, pues desvié un momento mis ojos de los suyos, yo, que siempre la miraba de frente; pero como persistí en un completo mutismo, ella se sintió obligada a explicarme su huida.
Así dijo que se había cansado de mis escasas palabras carentes de expresiones bellas, de mis silencios cuando sus oídos necesitaban declaraciones de amor, y también de mis gestos bruscos y un tanto
rudos al hacerle el amor, que se había acabado por sentir dañada por la fuerza de mis arrebatos al amar; en fin, que no obtenía de mí la delicadeza de un sentimiento sensible y suave, que no era
suficiente con el éxtasis violento, si no que anhelaba la ternura quieta aun a costa de disminuir el placer.
Pues bien, así sea, pensé, pero seguí guardando silencio.
Y ella, que deseaba oír de mí alguna queja, alguna palabra de daño, algún ruego, una frase de dolido amor despechado, seguía allí sin irse, explicándomelo todo una y otra vez.
Que si la abrazaba con gestos bruscos, que si la acariciaba oprimiendo sus pechos y sus muslos con rudeza, que si mis besos en su cuerpo dejaban marcas rojas y duraderas, que si movía y
giraba su cuerpo rodándolo por sobre el mío en un frenético baile de acoplamientos violentos.
En fin, que pedía una delicadeza, una lentitud y suavidad de la que yo carecía, y que necesitaba de bellas palabras que le contasen mi amor a su belleza. Yo seguía callado.
Por fin, tras decirme que no era suficiente con que mis ojos me traicionasen durante unos segundos para mostrar mi dolor y que necesitaba escapar de mi rudo amor y buscar otro de bellos gestos y
hermosas palabras, se fue casi a la carrera.
Se fue, en efecto, y la puerta, al cerrarse tras su marcha, sonó como un disparo directo a mi pecho, pero no me moví, no salí corriendo tras ella, aunque la adiviné esperando al otro lado de la puerta cerrada, pues no escuché, sino hasta algo después, sus pasos descendiendo por la escalera.
Ha pasado el tiempo.
No mucho, sólo unas semanas. Yo la sigo queriendo, y sigo sin saber decírselo: la voz se me niega.
Me duele su lejanía, pero no sé ir a buscarla con abrazos o flores y decirle palabras de esas que le gustan.
Sólo sé quedarme quieto, esperando que se canse de sus afeminados cantores y poetas, que añore las cálidas noches de esfuerzos sudorosos y gratos donde la cama nos quedaba pequeña.
Pero decírselo de esta manera sería empeorar las cosas, supongo.

La página en blanco
La pantalla en blanco del ordenador, imitando una página igualmente vacía, esperaba el contacto de mis dedos sobre el teclado, lo mismo que antaño rayaba o pintaba cuartillas sobre la mesa.
Así fue que escribí o tecleé:
"Este cuento lo han escrito otros, casi todos. Es siempre el mismo
aunque cambien las formas. No tiene fin."

Recopilación de textos anónimos: Fuente www.escolar.com
Imagen: Pareja caminando cogidos del brazo con un niño en la lluvia
Dibujo Lápiz de Vincent van Gogh
Gentileza vangoghgallery.com/



miércoles, 26 de febrero de 2014

Cosas de la vida breve 8

Sorprendido.
Perdí mis pocas monedas en el trayecto de casa a la parada del autobús. Lo descubrí cuando las busqué en el bolsillo del pantalón y noté que no lo llevaba puesto. Asustado, quise cubrirme con la chaqueta, pero esta tampoco la tenía encima.

Entonces pretendí quitarme la corbata, pues nada me desagrada más que llevar esa prenda sin chaqueta, pero resulta que tampoco tenía corbata. Inmediatamente, sospechando lo peor, miré hacia mi pecho, y descubrí la ausencia de la camisa. Así me hallé, en medio de la calle, a la altura de la parada del autobús, sorprendidamente desnudo.

Tiempo
Una tarde calma y plácida de domingo soleado, pescaba Pascual en un río manso y sosegado. No tenía suerte con los peces, y la inmovilidad y el sopor le fueron adormeciendo sobre la piedra llana en la que se hallaba sentado.
Abrió plácido los ojos, asustado, cuando casi se cae de su duro asiento de piedra, pero su sorpresa fue mayor al ver que, a su alrededor, se había hecho de noche.
Se incorporó con esfuerzo, pues le dolían todas las articulaciones, y una vez en pie pudo comprobar, a la luz sorprendentemente intensa de la luna, que el río estaba seco, que al otro lado no había pueblo alguno y que a su espalda ya no existía el bosque, sino un páramo desierto.
Pascual había dormido tanto como la vida en la tierra.

Huida
La vio en la distancia, pero no la reconoció; aun así se puso a correr en dirección contraria sin saber por qué lo hacía. "Debo de estar loco", pensó. Cuando, agotado, detuvo su huida, miró hacia atrás con aprensión, y vio, aún más cerca que antes, a la pálida figura enlutada que extendía su huesuda mano hacia él.

El calendario
Miró hacia el calendario clavado en la pared, y los números parecían bailar ante él. Extendió su mano y puso la palma sobre la hoja del mes de Abril; así notó el movimiento, como de hormigas, que hacían cosquillas en su piel.
Cuando levantó la mano, los números de los días le miraban sonrientes, pero seguían burlones y saltarines. Él sólo deseaba saber cuánto tiempo faltaba para la noche, pero los traviesos días no querían decírselo

Amanece
La noche se tornó rojiza en uno de sus extremos, avisando el amanecer. Los ojos del insomne se concentraron con desesperación en aquel anuncio de esplendor, y agradeció el fin del frío y la huida de la oscuridad.
Íntimamente se alegró del nuevo día, pues aunque la soledad no tendría tan fácil solución como la luz, al menos se irían todos los fantasmas que le hacían ilusoria compañía.

Recopilación de textos anónimos: Fuente:escolar.com
la imagen es gentileza de :liupis.com

lunes, 11 de noviembre de 2013

Cosas de la vida breve 7.

Imagen de una vieja publicidad de Jabón Palmolive.
Rápido
Te dije "te quiero" y tu contestaste preguntándome si era así de rápido para todo.
Me hiciste reír por lo que entendí como algo de doble intención en esa respuesta tuya.
Por supuesto no me amilané y persistí en el empeño de enamorarte.
Afirmé que bien cierto era que nos acabábamos de conocer, pero que no sabía que había unas medidas temporales que indicasen cuándo uno podía enamorarse y cuándo no.
Entonces fuiste tú quien se rió, y tu risa era abierta y explosiva, contagiosa y brutal. Caí rendido de amor, por supuesto; y así te lo dije. Tú volviste al sempiterno argumento de "pero si acabamos de conocernos". Yo sabía que toda tu reflexión se resumía en un solo hecho cierto: no te ibas. Estabas a mi lado, escuchando y rechazando, por prontas, mis apresuradas palabras de amor, pero no te ibas.
Así que no perdí el ansia y seguí con mis arrumacos inocentes y con argumentos simples de amor urgente, el cual a ti te parecía imposible y te hacía reír, me llamabas vano y loco, me apartabas un poco de tu lado, pero sólo un poco, con leve empujón, y decías que me callase, pero te quedabas allí sentada a
mi lado, y después de quejarte te callabas esperando mis palabras que desmentían las tuyas en un juego pactado tácitamente entre ambos.
Tras cientos de palabras, muchas risas, no sé cuántas negaciones tuyas y mil acercamientos míos, por fin me miraste muy seria, y me dijiste que "aunque me ría, no tomo a broma lo que dices", y yo no pude de nuevo contener la risa, al decir: "siempre supe que me querías".


El don Juan

La besó muchas veces esperando una respuesta que no logró.  Después usó cientos de palabras, ya hermosas, ya desgarradas, invocando un amor sublime, más nada consiguió tampoco. Por fin, la miró con enorme ternura, pero ella continuó ignorando todas sus artes. Derrotado, el conquistador se fue triste.
Y cuando ya había comenzado a olvidarla, pero aún la frustración le dolía, descubrió que, lo que de verdad había amado en ella era su silencio, y eso lo había obtenido.
Dio así por bien empleada la aventura y la olvidó del todo. 

Mirada
Levantó su copa hasta la altura de los ojos, y miró a través de la parte del vidrio que no contenía el vino rojo.
Vio deformados, grotescamente, al resto de los comensales, que también le observaban serios y expectantes. Todos menos uno. Ella miraba en otra dirección y sonreía.

Gritar amor
Quisiera imponerme la disciplina de amarte en silencio, pero no puedo.
Tengo que gritar mi amor a cada paso que doy, y así, claro, todos se enteran de nuestro secreto.
Y es que la risa de la felicidad se me escapa entre los labios, que se estiran y se tensan hacia arriba, hasta que por fin estallo en una carcajada y grito que te quiero.
Y como esto sucede en cualquier momento y lugar, es frecuente que desconocidos a mí alrededor se queden mirando con asombro, aunque a algunos se les contagia la risa y me acompañan en la felicidad de reír abiertamente.
Incluso hay algunos que me preguntan por ti, pues quieren saber cómo es la mujer que provoca esas locuras.
Como yo les contesto que mi amor es un secreto, entonces reímos todos aún más.Recopilación de textos anónimos: Fuente www.escolar.com


viernes, 21 de septiembre de 2012

Primaveras


¿Qué edad tengo?, preguntas.
Te sacaré de dudas.
Tengo la edad de cuando era virgen y buscaba la forma de ahorrar dinero para ir con una puta que me enseñase algo de lo mucho que imaginaba.
Tengo la edad del asombro ante el hecho de que los pezones de una mujer se tornen duros de repente.
Tengo la edad de cuando se está seguro de que en todas las partes del mundo viven, piensan y sufren o ríen como yo.
Tengo la edad del egocentrismo altruista.

Tengo la edad de mentir y que se me note, y también  de la risa cómplice entonces. Tengo esa edad buena en la que todo está a punto de suceder: el hoy es un segundo que tiembla inseguro, el pasado no ha existido y el mañana no es sólo todo lo que queda, sino que también es lo único que llena el pensamiento.

Mi edad es la de quien sonríe sin saber por qué, pero que se sabe feliz: sí, la del
tonto, si quieres verlo así.
Y es que tengo la edad que tenía cuando me enamoraba en cada esquina.
En serio, tengo la edad de las primaveras y de  los veranos que no se acaban,  de las fiestas que están a punto de empezar, de las palabras vacías pero llenas de promesas, de las miradas de miedo inseguro y gesto altanero.

Tengo la edad que tú pretendas y la facilidad de mutar de tal manera que nadie advierta que me faltan años o me sobra experiencia.

Tengo la edad de los cielos vistos, de las palabras dichas y de los silencios necesarios.

Tengo esa edad que nunca termina y que siempre está amando. *



                   

Gracias:www.youtube/user/edgarivanrivero
*Adaptación del relato anónimo 
“Edad” extraído de escolar.com

viernes, 20 de enero de 2012

Cosas de la vida...., breve.


Hacia abajo:
La abrazó desde atrás por la cintura, y ella no opuso
resistencia, más a contrario, cogió las manos del hombre y empujó
de ellas hacia abajo.

Caderas
Él la miró intensamente en silencio. Creyó que eso sería
suficiente. Cuando ella se fue, sola y con paso lento, el hombre
adivinó una insinuación en el movimiento de sus caderas.

Reposo:
Los mil gestos producidos dentro de una larga convivencia
explican, en silencio, mudas palabras de amor. Y es que el cuerpo,
en su movimiento torpe, pesado y soso, continuamente dice lo que le pasa y siente. Por eso, a veces, cuando acostados apoyo mi brazo en tu cadera, en cansado gesto, no busco el inicio del juego de la pasión, sino que procuro el reposo de mi derrota en tu cuerpo tranquilo y ajeno de conflictos.

Parecido
Quitó de su dedo el anillo que le identificaba como hombre casado. Buscó en la festiva reunión a alguna mujer de su agrado que pareciese sola y dispuesta a compartir unas horas de engaño.
Finalmente, eligió a una que tenía un vago parecido con su esposa.

Sentidos
Tengo para ti el tacto húmedo del recorrido que una lágrima deja sobre la piel.
Te he guardado el casi inaudible sonido que provoca el roce de los labios. 
Mi regalo será el sabor indefinible del sudor que emana de la piel en contacto con tu boca. Te daré
también la imagen de una sonrisa feliz que te engañe un poco.
Finalmente, el olor humano de mi cuerpo te indicará que existo.

Ilusión
Gritó su nombre, pero ella no se volvió; siguió su camino, aunque otros caminantes sí giraron la cabeza sorprendidos por la exclamación.
Entonces él corrió hasta alcanzarla, y cuando llegó a su altura, intentó asirla por un brazo, pero su mano no topó más que con un aire cálido, no sujetó más que el vacío, atravesó limpiamente la aparente figura que vagaba por la calle. **
**Recopilación de textos de autores varios gentileza de www.escolar.com

                                                   
                                                                           Audio Andrea Echeverri: "Menos mal"