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viernes, 29 de noviembre de 2013

Retrato: Gibran Jalil Gibran

Gibran Jalil Gibran  nació un día de reyes del año 1883 en la ciudad de Bisharri, al norte de Beirut, contaba solo dos años cuando su familia emigró hacia Estados Unidos país en el que fallece en 1931 cuando contaba solo 48 años.
En su breve vida Gibran escribió obras que fueron traducidas a varios idiomas destacándose entre ellas “El Profeta”.

Los que siguen son tres cuentos breves de su autoría:

El loco.
En el jardín de un hospicio conocí a un joven de rostro pálido y hermoso, allí internado.
Y sentándome junto a él, le pregunté:
-¿Por qué estás aquí?
Me miró asombrado y respondió:
-Es una pregunta inadecuada; sin embargo, contestaré.
Mi padre quiso hacer de mí una reproducción de sí mismo; también mi tío.
Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre.
Mi hermana mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir.
Mi hermano pensaba que debía ser como él, un excelente atleta.
Y mis profesores, como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo.
Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo.
Enseguida se volvió hacia mí y dijo:
-Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?
-No, soy un visitante -respondí.
-Oh -añadió él- tú eres uno de los que vive en el hospicio del otro lado de la pared. 

Las leyes.
Años atrás existía un poderoso rey muy sabio que deseaba redactar un conjunto de leyes para sus súbditos. Convocó a mil sabios pertenecientes a mil tribus diferentes y los hizo venir a su castillo para redactar las leyes. Y ellos cumplieron con su trabajo.
Pero cuando las mil leyes escritas sobre pergamino fueron entregadas al rey, y luego de éste haberlas leído, su alma lloró amargamente, pues ignoraba que hubiera mil formas de crimen en su reino.
Entonces llamó al escriba, y con una sonrisa en los labios, él mismo dictó sus leyes. Y éstas no fueron más que siete.
Y los mil hombres sabios se retiraron enojados y regresaron a sus tribus con las leyes -que habían redactado. Y cada tribu obedeció las leyes de sus hombres sabios.
Por ello es que poseen mil leyes aún en nuestros días. Es un gran país, pero tiene mil cárceles y las prisiones están llenas de mujeres y hombres, infractores de mil leyes. Es realmente un gran país, pero ese pueblo desciende de mil legisladores y de un solo rey sabio.

Aquel viejo, viejo vino.
Hubo una vez un hombre rico muy orgulloso de su bodega y del vino que allí había; y también había una vasija con vino añejo guardada para alguna ocasión sólo conocida por él.
El gobernador del estado llegó a visitarlo, y aquél, luego de pensar, se dijo: "Esa vasija no se abrirá por un simple gobernador".
Y un obispo de la diócesis lo visitó, pero él dijo para sí: "No, no destaparé la vasija. Él no apreciará su valor, ni el aroma regodeará su olfato".
El príncipe del reino llegó y almorzó con él. Mas éste pensó: "Mi vino es demasiado majestuoso para un simple príncipe".
Y aún el día en que su propio sobrino se desposara, se dijo: "No, esa vasija no debe ser traída para estos invitados".
Y los años pasaron, y él murió siendo ya viejo, y fue enterrado como cualquier semilla o bellota.
El día después de su entierro tanto la antigua vasija de vino como las otras fueron repartidas entre los habitantes del vecindario. Y ninguno notó su antigüedad.
Para ellos, todo lo que se vierte en una copa es solamente vino.
fuente:ciudadseva

lunes, 19 de agosto de 2013

El "loco" Lima.

Lo que aquí narro en verdad sucedió; claro que si lo colocamos en el contexto del mundo actual y de las liberales relaciones humanas de estos días, parecería una insulsa anécdota, pero si la ubicamos en la época en que ocurrió, varias décadas atrás, la versión toma otro perfil.
En el barrio lo conocían como el loco; es muy común en Argentina colocarle el calificativo de "loco" a una persona: el loco Gatti, el loco Bielsa, el loco Chávez, etc. por lo general todos locos buenos.
El loco de este relato no tiene, nunca tuvo nombre, siempre fue llamado así "el loco Lima", incluso hasta él mismo debió haber olvidado su nombre de pila pues siempre le llamaban loco.
Hola Loco, como andás loco, que tal loco...?
Se decía que había quedado así (loco?) porque había bebido más etílico que lo que cualquier cuerpo pueda resistir. Solo por eso.
Cuentan que un día llegó a visitar a un amigo y le dijo: Juancito, que hambre tengo viejo, no tendrás un vasito de vino??
Pedía "moneditas" por la calle simplemente diciendo: no tenés una monedita ?
Alguien ante su requerimiento de : no tenés una monedita..? buscó en sus bolsillos y le dio cinco centavos diciendo: disculpame es la única que tengo.
El loco que tenía serios problemas visuales, acercó la pequeña moneda a sus ojos y cuando ya se retiraba el transeunte dijo: Esperá que te doy el vuelto.
Loco, pero rápido mentalmente.
Trataba a las mujeres de manera diferente, comprendía que su aspecto desaliñado, sus ojos oscurecidos por el alcohol, su pobre visión lo ponía en una situación que molestaba a las  damas. A ellas, solo las saludaba.
Hasta que un día se cruzó con Angelita.
Angelita era una cincuentona que había perdido a su marido hacía ya algunos años. Rostro bonachón, cutis blanco, algunos kilitos de exceso, ojos claros, voz chillona y un corazón generoso.
Cuando adivinó su venir, el loco Lima bien sobrio esa mañana, se detuvo unos metros antes de cruzarse con ella, esgrimió una especie de sonrisa y muy cándidamente, casi como quien pregunta la hora a un ocasional pasante le dijo suavemente: Querés coger...?
En pueblo chico todas las cosas se saben.
Algunos dicen que Angelita comentó a sus amigas que si la invitación hubiera provenido de otra persona.......tal vez..,
Otros dicen que los chicos y los locos no mienten en sus expresiones y que quizás el loco Lima vislumbró que la viuda Angelita necesitaba una alegría, algo que él pudo percibir porque los locos ven el mundo de los cuerdos con mayor intensidad.

Y él, solo quería ayudar.