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lunes, 16 de julio de 2018

Verso argentino.


Según la  Real Academia Española verso significa en una de sus acepciones:
“Palabra o conjunto de palabras sujetas a  medida  y cadencia, o solo cadencia.”, pero como a la RAE nadie le da pelota ahora con ese temita del idioma neutro,  del inclusivo y otras ñañas prefiero usar la definición lunfarda que expresa sobre la palabra verso, lo siguiente: Engaño; mentira, excusa palabrerío, que para lo que quiero contarles viene como anillo al dedo

Aquí vamos;

El hombre, que escaló de manera vertiginosa los numerosos peldaños de la escalera del poder hasta situarse casi en la cima, dijo ante una pregunta referida a la situación económica del país “El ejecutivo busca permanentemente implementar distintas medidas para cuidar el bolsillo de la gente.
Creo que la oposición perdió  su rol y el rumbo. Sería muy importante tener enfrente partidos y figuras que busquen presentarse como alternativas.
Y agregó: “Les iba mejor con gobiernos débiles a los que podían manejar y manipular y que ahora tratan de poner el odio sobre la construcción y posibilidad de seguir construyendo como lo venimos haciendo.
“La apuesta del gobierno es que haya más y mejor política en todas las visiones, nosotros somos un equipo de trabajo muy consolidado que trabaja junto muy bien, que tiene un solo liderazgo y que el principal objetivo es sostener y crear puestos de trabajo.

Y finalizó diciendo:


"Antes los ataques permanentes el gobierno mantiene sus convicciones no las baja y sigue trabajando con mucha fortaleza, un liderazgo espectacular y un equipo muy convencido" 

El verso sigue pero no quiero abusar de su paciencia, pero si Ud. quiere saber de quién he estado hablando precedentemente solo tiene que dirigirse a este enlace: 


Allí encontrará la foto de quien dijo todo el verso anterior cómo también su currículum junto a la persona a la que señala como protagonista de un “liderazgo espectacular”.




Fuentes;
www.todotango.com
Rae.-Telam 5/2013


miércoles, 12 de octubre de 2016

Martín Gallinero y otros personajes.


En cada pueblo hay individuos por todos conocidos que tienen una personalidad que los diferencia del resto, y en el pueblo de una provincia del sur de Argentina donde tienen lugar los hechos que narro, no era una excepción.
Recuerdo que en el lugar donde crecí había varios de estos personajes que a pesar del transcurrir de los años siguen presentes en mi recuerdo como formando una parte importante de los mismos, porque fueron de alguna medida los primeros representantes de un mundo irreal que yo por ser un niño desconocía.

En esa galería de estereotipos estaba por ejemplo Justo; se decía de él que había sido un marino destacado de alto rango, que había caído en desgracia después de un desengaño amoroso que jamás pudo superar.
Justo hablaba muy bajito y cuando lo hacía no abundaba en palabras, es más, no recuerdo haberle escuchado hablar más allá de monosílabos o palabras cortas que no le significaran mucho esfuerzo.
Por haber sido marino, no le tenía mucho afecto al agua, y se mantenía bastante lejos de ella, por lo cual en su negra gorra de vasco que portaba día y noche, el negro brillaba por falta de jabón, situación ésta que obviamente se trasladaba a la humanidad de Justo.
En el barrio Justo hacía los mandados para casi todo el vecindario, principalmente se lo llamaba para buscar  kerosene para el bran metal o las lámparas de tubo, pues la corriente (monofásica de 110 ws) se cortaba seguido y solo funcionaba hasta las diez de la noche.
En el colegio nos hablaron un día de Justo José de Urquiza, y cuando me crucé con Justo se me ocurrió decirle: Justo José de Urquiza, el hombre que venció al tirano Rosas;  Justo me miró en silencio, y confieso que tuve un poco de miedo, pero su rostro se relajó y esbozó una sonrisa que nunca le había visto; no quise abusar de ello, y me alejé rápido pero contento de haber visto a Justo sonreír, al menos una vez.
Justo vivía en un ranchito bajo y estrecho, cerca de unos tamariscos en un terreno baldío jamás pidió nada, ni se quedó nunca con nada que no fuera suyo. En silencio andaba por la vida y en silencio se marchó; nunca supe que rumbo tomó. El rancho quedó vacío y una topadora, unos años después lo borró completamente del lugar.

En el barrio, todos éramos propensos a poner sobrenombres a los vecinos. La Chacha por ejemplo era una señora que se peinaba como el personaje de la historieta, y fumaba en una pipa tipo Popeye, se paraba por las tardes en la puerta de su casa con una botellita con ½ de tinto a la cual besaba con cariño, mientras miraba pasar la vida.
La Chacha, tenía una inquilina a la cual le llamábamos “Baciniya con diarrea” por unas manchas en su cara, que no había make up que las cubriera.
Unos metros más allá, vivía “Alambre con pelos” llamada así por ser muy flaquita y tener una abundante cabellera.
Luego estaba “Bastonazo”, un policía retirado, que cuando molestábamos jugando al futbol o a los cowboys en el campito vecino, nos amenazaba con sobarnos el lomo con su bastón.
“Limpieza”, era una señora gorda que tenía varios hijos y como Justo, le escapaba al agua y al jabón. Su marido al igual que Bastonazo era un sargento de policía muy recto, que luego se separó de esta mujer, tal vez  desgastado por el esfuerzo de tratar que exesposa  fuera un poco más predispuesta a la higiene personal.
Vecinos de doña Limpieza eran el “Gato Negro” un hombre de campo que se dedicaba al arreo de ganado  y vestía siempre de negro quien vivía con su esposa a la que todos conocíamos como “pan con grasa” dado el volumen de su trasero.
Gato Negro  un hombre moreno, delgado, y de pocas palabras, solía estar mucho tiempo fuera de su hogar, y decían las comadres que otros gatos andaban por su techo  y de allí se explicaba porque una de su cuatro hijas era tan rubiecita.
Algo parecido le sucedió a “Cortocircuito” el electricista que vivió un tiempo en el barrio y que tenía un hijo pelirrojo y bien pecoso, y siendo él morocho, explicaba que su hijo había salido así porque su señora consumía mucha zanahoria.

Y por último Martín, tal vez el único “casi malo” de esta galería de personajes; nunca supe al igual que el caso de Justo cuál era su apellido pues todos le llamaban Martín Gallinero por el gusto que tenía por visitar gallineros que por aquel entonces abundaban en el barrio; dicen que Martín pescaba a las gallinas colocando una lombriz en la punta de un hilo de albañil debidamente preparado para atorar a la gallina, y cuando esta agarraba la lombriz, Martín la levantaba en peso por sobre el alambrado como si escapara volando.
Al observar el gallinero y no ver por ningún lado plumas ni restos de huesos, el dueño del corral se preguntaba cómo podía desaparecer así un ave que entre sus habilidades no figuraba la de volar.

A unas cuantas cuadras de allí, en el aire flotaba un aroma de caldo de gallina, mientras Martín sentado frente a la estrebe que contenía una olla negra por el hollín, silbaba mientras pelaba una papa para agregar a lo que era su debilidad: un pucherito de gallina, que habiendo sido gratis resultaba más exquisito.

lunes, 19 de agosto de 2013

El "loco" Lima.

Lo que aquí narro en verdad sucedió; claro que si lo colocamos en el contexto del mundo actual y de las liberales relaciones humanas de estos días, parecería una insulsa anécdota, pero si la ubicamos en la época en que ocurrió, varias décadas atrás, la versión toma otro perfil.
En el barrio lo conocían como el loco; es muy común en Argentina colocarle el calificativo de "loco" a una persona: el loco Gatti, el loco Bielsa, el loco Chávez, etc. por lo general todos locos buenos.
El loco de este relato no tiene, nunca tuvo nombre, siempre fue llamado así "el loco Lima", incluso hasta él mismo debió haber olvidado su nombre de pila pues siempre le llamaban loco.
Hola Loco, como andás loco, que tal loco...?
Se decía que había quedado así (loco?) porque había bebido más etílico que lo que cualquier cuerpo pueda resistir. Solo por eso.
Cuentan que un día llegó a visitar a un amigo y le dijo: Juancito, que hambre tengo viejo, no tendrás un vasito de vino??
Pedía "moneditas" por la calle simplemente diciendo: no tenés una monedita ?
Alguien ante su requerimiento de : no tenés una monedita..? buscó en sus bolsillos y le dio cinco centavos diciendo: disculpame es la única que tengo.
El loco que tenía serios problemas visuales, acercó la pequeña moneda a sus ojos y cuando ya se retiraba el transeunte dijo: Esperá que te doy el vuelto.
Loco, pero rápido mentalmente.
Trataba a las mujeres de manera diferente, comprendía que su aspecto desaliñado, sus ojos oscurecidos por el alcohol, su pobre visión lo ponía en una situación que molestaba a las  damas. A ellas, solo las saludaba.
Hasta que un día se cruzó con Angelita.
Angelita era una cincuentona que había perdido a su marido hacía ya algunos años. Rostro bonachón, cutis blanco, algunos kilitos de exceso, ojos claros, voz chillona y un corazón generoso.
Cuando adivinó su venir, el loco Lima bien sobrio esa mañana, se detuvo unos metros antes de cruzarse con ella, esgrimió una especie de sonrisa y muy cándidamente, casi como quien pregunta la hora a un ocasional pasante le dijo suavemente: Querés coger...?
En pueblo chico todas las cosas se saben.
Algunos dicen que Angelita comentó a sus amigas que si la invitación hubiera provenido de otra persona.......tal vez..,
Otros dicen que los chicos y los locos no mienten en sus expresiones y que quizás el loco Lima vislumbró que la viuda Angelita necesitaba una alegría, algo que él pudo percibir porque los locos ven el mundo de los cuerdos con mayor intensidad.

Y él, solo quería ayudar.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Los 8-A

En este 8-N, ocurrióseme pensar en los 8-A (afuera), es decir en ocho nombres que estuvieron ligados en algún momento al Gobierno de Cristina Fernández, y son los que se aprecian más abajo, con las únicas excepciones de Aníbal Fernández que si bien está ahora fuera del gabinete sigue formando parte, a veces como intérprete, otras como escudero, y Hugo Moyano, que a pesar que nunca fue funcionario, era considerado parte importante del gobierno nacional y popular, al punto tal que en algún momento integró una comitiva presidencial al Vaticano.
Ya no forman parte de la élite, por qué?
Tal vez por aquello de "No sós vos, soy yo"

Las fotos corresponden a la PresidenTe Fernández con: Julio Cleto Cobos-Alberto Fernández-Sergio Massa-Anibal Fernández-Martín Lousteau-Maria Graciela Ocaña-Jorge Taiana-Hugo Moyano


viernes, 11 de marzo de 2011

Retrato: Miguel Gila Cuesta


Miguel Gila Cuesta, popularmente conocido como  "Gila" nació un  12 de marzo de 1919 en un día de miércoles, según el calendario de esa época, en el barrio madrileño de Chamberí.
Durante los 82 años que ocupó el transcurrir de su vida (falleció el 14 de julio de 2001) hizo un poco de todo, siendo la actividad  de artista de la comicidad la que más satisfacciones le dio.
Tal vez aquel episodio real cuando siendo un jóven militar  en Valsequillo (Córdoba) allá por 1936/37 fue puesto frente a un pelotón de ejecución y logró salvarse, resulte ser su actuación mejor lograda pues salvó su vida, al hacerse el muerto ante un piquete de fusilamiento cuyos integrantes estaban todos borrachos., obnubilados por el alcohol en aquel anochecer lluvioso.(Fuente Wikipedia)
Varias generaciones de hispano-parlantes disfrutamos de su humor  simple y llano, y de verdad se extraña  entre tanta mediocridad de ingenio, que pulula por las pantallas de tevé, su figura junto a un teléfono y su voz diciendo: Que se ponga¡¡¡¡

Gracias:http://www.youtube.com/user/sanchezjosemi

lunes, 26 de julio de 2010

El diablo de la botella.


EL DIABLO DE LA BOTELLA 1893


Doy por descontado que la mayoría de los lectores conoce el relato de Robert Louis Stevenson “The Bottle” conocida aquí como El diablo de la botella, que narra la historia de un marinero de nombre Keawe quien es tentado a visitar una magnifica mansión por el propietario de la misma, donde se produce este diálogo:
—Es muy hermosa esta casa mía—dijo el hombre, suspirando amargamente—. ¿No le gustaría ver las habitaciones?
Y así fue como Keawe recorrió con él la casa, desde el sótano hasta el tejado; todo lo que había en ella era perfecto en su estilo y Keawe manifestó gran admiración.
—Esta casa—dijo Keawe—es en verdad muy hermosa; si yo viviera en otra parecida, me pasaría el día riendo. ¿Cómo es posible, entonces, que no haga usted más que suspirar?
—No hay ninguna razón—dijo el hombre—para que no tenga una casa en todo semejante a ésta, y aun más hermosa, si así lo desea. Posee usted algún dinero, ¿no es cierto?
—Tengo cincuenta dólares—dijo Keawe—, pero una casa como ésta costará más de cincuenta dólares.
El hombre hizo un cálculo.
—Siento que no tenga más —dijo—, porque eso podría causarle problemas en el futuro, pero será suya por cincuenta dólares.
—¿La casa?—preguntó Keawe.
—No, la casa no—replicó el hombre—, la botella. Porque debo decirle que aunque le parezca una persona muy rica y afortunada, todo lo que poseo, y esta casa misma y el jardín, proceden de una botella en la que no cabe mucho más de una pinta. Aquí la tiene usted.
Y abriendo un mueble cerrado con llave, sacó una botella de panza redonda con un cuello muy largo, el cristal era de un color blanco como el de la leche, con cambiantes destellos irisados en su textura. En el interior había algo que se movía confusamente, algo así como una sombra y un fuego.
- Y porque si es tan maravillosa la vende Ud. tan barata ? preguntó Keawe.
Ya le he explicado por qué suspiro —dijo el hombre—. Temo que mi salud está empeorando; y, como ha dicho usted mismo, morir e irse al infierno es una desgracia para cualquiera. En cuanto a venderla tan barata, tengo que explicarle una peculiaridad que tiene esta botella. Hace mucho tiempo, cuando Satanás la trajo a la tierra, era extraordinariamente cara, y fue el Preste Juan el primero que la compró por muchos millones de dólares; pero sólo puede venderse si se pierde dinero en la transacción. Si se vende por lo mismo que se ha pagado por ella, vuelve al anterior propietario como si se tratara de una paloma mensajera. De ahí se sigue que el precio haya ido disminuyendo con el paso de los siglos y que ahora la botella resulte francamente barata. Yo se la compré a uno de los ricos propietarios que viven en esta colina y sólo pagué noventa dólares. Podría venderla hasta por ochenta y nueve dólares y noventa centavos, pero ni un céntimo más; de lo contrario la botella volvería a mí. Ahora bien, esto trae consigo dos problemas. Primero, que cuando se ofrece una botella tan singular por ochenta dólares y pico, la gente supone que uno está bromeando. Y segundo..., pero como eso no corre prisa que lo sepa, no hace falta que se lo explique ahora. Recuerde tan sólo que tiene que venderla por moneda acuñada.
—¿Cómo sé que todo eso es verdad? —preguntó Keawe.
—Hay algo que puede usted comprobar inmediata mente—replicó el otro—. Deme sus cincuenta dólares, coja la botella y pida que los cincuenta dólares vuelvan a su bolsillo. Si no sucede así, le doy mi palabra de honor de que consideraré inválido el trato y le devolveré el dinero.
—¿No me está engañando?—dijo Keawe.
El hombre confirmó sus palabras con un solemne juramento.
—Bueno; me arriesgaré a eso—dijo Keawe—, porque no me puede pasar nada malo.
Acto seguido le dio su dinero al hombre y el hombre le pasó la botella.
—Diablo de la botella—dijo Keawe—, quiero recobrar mis cincuenta dólares.
Y, efectivamente, apenas había terminado la frase cuando su bolsillo pesaba ya lo mismo que antes.
—No hay duda de que es una botella maravillosa —dijo Keawe.
—Y ahora muy buenos días, mi querido amigo, ¡que el diablo le acompañe!—dijo el hombre.
—Un momento—dijo Keawe—, yo ya me he divertido bastante. Tenga su botella.
—La ha comprado usted por menos de lo que yo pagué —replicó el hombre, frotándose las manos—. La botella es completamente suya; y, por mi parte, lo único que deseo es perderlo de vista cuanto antes.

EL DIABLO DE LA BOTELLA 2010:


No sé y tampoco quiero saberlo porque extraña circunstancia el diablo de la botella anda haciendo de las suyas en la televisión argentina.
Según rumores, el primero en adquirirla fue Alejandro Fantino, quien tuvo algo así como un enamoramiento que le duró un tiempo bastante largo pero finalmente logró desprenderse de ella, y allí entró en escena Bautista “Beto” Casella, quien a su vez le pasó la botella a Samuel “Chiche” Gelblung , quien como es el más cabrero de los tres apenas le dio bola dos o tres meses, hasta que pasó a su actual poseedor : Marcelo Hugo Tinelli.
Las consecuencias de tener la botella y por extensión al diablo que en ella habita están empezando a notarse en el programa de Tinelli por todos los enredos, peleas, escándalos, traiciones, demandas judiciales y hasta alguna que otra acción violenta que a diario se repiten con precisión matemática.
Investigaciones realizadas oportunamente me han permitido obtener una imagen del diablo de la botella, causante de todos estos problemas,  aquí les dejo una captura para que Uds. también
 puedan verlo y así mantenerse lo más lejos de él: