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lunes, 28 de julio de 2014

En defensa del bicho.

Señoras, Señores, Señoritas, Señoritos, y demás adherentes a cualquiera de los conjuntos mencionados anteriormente.
Vengo aquí a ejercer la defensa de un falconiforme que ha sido injustamente injuriado, vilipendiado, y tratado con gran desprecio por toda la sociedad argentina durante este último tiempo, cuando en realidad es un excelente colaborador de la especie que se considera superior y por ende dominante conocida como humanos, quienes debiéramos agradecer su ingrata pero silenciosa y valiosa colaboración que consiste en alimentarse de cadáveres de otros animales evitando de esta forma la propagación de enfermedades al eliminar restos orgánicos.

Admito que el bicho tiene feo aspecto, se mueve de manera grotesca cuando se desplaza en tierra, pero es majestuoso cuando emprende vuelo, una aptitud natural suya que nosotros nunca podremos alcanzar.
Se le llama despectivamente “carroñero” y es así pues no cuenta con un Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo que lo defienda.
Los organismos de derechos humanos no le prestan atención por una simple razón, no es un humano; es solo una especie que habita en lugares lejanos y que se joda por haber nacido bicho, feo, pelado, y carroñero.
Y como si esto fuera poco los políticos de turno y sus antecesores utilizan su nombre como estandarte para justificar sus erróneas políticas económicas al endeudarse con cifras astronómicas de millones y millones de dinero que nadie sabe en qué carajo se utilizó pero que deberemos pagar todo el conjunto de ciudadanos de a pie que jamás vimos uno de esos dólares que ahora tanto cuesta devolver.
Fondos “buitres” les llaman.
Si mi defendido no tiene nada que ver con la cuestión exijo que se le llame de otra manera a estos fondos; por ejemplo: usurarios, latrocinicos, muñidores, ladrones, especuladores,(casi como algunos gobiernos y bancos privados) etc.- pero dejemos a los pobres, feos, y desamparados falconiformes en paz que demasiada carga tienen ya por el solo hecho de haber nacido “Buitres”.

Para quienes son acérrimos defensores de la postura de seguir llamando así a los fondos usureros, argumentando que corresponde hacerlo pues los acreedores de la inmensa suma de dinero que reclaman incluido el Juez de la causa que tiene en jaque a los boys del Ministerio de Economía, proviene en su mayoría de un país que tiene en su escudo a una de estas aves, les digo que le erraron el palo al gato pues lo que allí se ve es una águila calva. ave ésta que el país del norte exhibe como un símbolo de fuerza y libertad.

Ya finalizando este alegato me permitiré citar palabras del conocido Francisco, no el Francisco que ahora lleva sobre sus hombros la pesada carga de ser la cabeza visible de la Iglesia Católica, sino otro que diría siempre vivió en la vereda opuesta: Franz Kafka quien alguna vez escribió el relato que sigue a continuación que habla del ave en cuestión haciendo su verdadero trabajo.

O simplemente sea yo el equivocado y Franz imaginó muchos años atrás  esto que ahora nos está pasando.



Buitres
Franz Kafka
Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.
Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.
-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?
-Encantado -dijo el señor; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?
- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí: por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno dijo el señor, voy a apurarme.
El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.
fuente:ciudadseva.com



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