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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Ten dollars grandfather.

Se acuerdan del abuelo de nombre Julio Cesar Durán, a quien  la ahora ex- presidenta, Cristina Fernández, no dudó en llamarlo  en junio de 2012 "abuelito medio amarrete" porqué quería comprar diez dólares para regalar a su nieto, en la misma conferencia en la que anunciaba que ella ( y Torugo Morales también por supuesto) cambiaría sus ahorros a pesos, todo dentro del  contexto en el que su gobierno imponía  restricciones cambiarias con el fin absurdo e ineficiente  de combatir la fuga de divisas?
Claro, si no fue tan atrás, si apenas había transcurrido  un año desde que  la AFIP pusiera en práctica los controles para acceder al mercado cambiario a través del "Programa de Consultas de Operaciones Cambiarias" que se implementó a través de la Resolución General 3210/11, el 31 de octubre de 2011.


Por aquel mismo tiempo la Fundación Pensar, que es según su propia definición” la usina de ideas de PRO” decía esto:

         
Hoy el ministro el de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat-Gay,  anunció el fin del cepo “"El que quiera importar, o exportar, o comprar dólares, lo va a poder hacer, nadie lo va a perseguir".
No voy a entrar a analizar cuáles serán las consecuencias que algunos imaginarán tremendas, otros no tanto, pero que en realidad se verá en el andar de la economía, yo solo quiero decir que es bueno que nadie me prohíba gastar mi dinero ganado honradamente y legalmente como se me cante, sin pedirle permiso a  algún funcionario del Estado.
Pienso que una gran mayoría valora más el acto de libertad individual que significa que el Estado no meta manos en tus bolsillos que el hecho de poder comprar dólares sin restricciones.
Dicen que “A veces la prohibición es la mejor propaganda,” o cómo le gustaba manifestar a mi amigo Ovidio, “Lo lícito no me es grato; lo prohibido excita mi deseo.”
Por eso la presunta estampida de compra de dólares que podría desatarse a partir de mañana tal vez no sea tal.
Para que, si ya no está prohibido.


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