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sábado, 19 de febrero de 2011

Frederic & George








Dicen los escritos sobre el tema que Frederic Chopin y George Sand (en realidad Amandine Aurore Lucile Dupin) tuvieron una especie de amor un tanto estrafalario, con menos sexo que los amantes de Verona al punto que cuando se conocieron ella preguntó: Ese señor Chopin, ¿es una niña?. y él a su vez manifestó: «¡Qué antipática es esa Sand! ¿Es una mujer? Estoy por dudarlo.
Sin embargo  se convirtieron en una de las parejas más famosa del siglo XIX, realimentándose mutuamente y  conviviendo al mejor estilo Woody Allen (en casas separadas) durante ocho años, tal vez por aquello que decía Sand:” La mente no tiene sexo”
Pero  lo cierto es que a 162 años de la muerte de Chopin (1849) quien había nacido en Polonia en algún día, entre el 22 de febrero y el 1 de marzo de 1810, y a 135 de la desaparición de  Amandine (ocurrida en 1876) bueno es recordarlos en lo que mejor hacían, ella escribiendo de esta manera:

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“No tengo en absoluto la pretensión de haber sido hecha de un barro distinto al de las demás criaturas humanas. Ahora que ya no soy de ningún sexo, pienso que entonces era tan mujer como cualquier otra, pero al desarrollo de mis facultades le faltó encontrar un hombre que yo hubiera podido amar lo suficiente como para arrojar algo de poesía sobre los hechos de la vida animal. Pero no era el caso, y usted mismo que es hombre y por consiguiente menos delicado sobre esta percepción de sentimiento, debe comprender el hastío que se adueña del corazón cuando uno se somete a las exigencias del amor sin haber comprendido las necesidades. En tres días, el vizconde de Larrieux se me hizo insoportable.
¡Y bien! amigo mío, ¡Jamás tuve energía para deshacerme de él! Durante sesenta años ha sido mi tormento y mi saciedad. Por complacencia, por debilidad o por aburrimiento lo he soportado. Siempre descontento de mis repugnancias, y siempre atraído por los obstáculos que yo ponía a su pasión, sintió por mí el amor más paciente, más animoso, más prolongado y más aburrido que un hombre haya tenido jamás por una mujer.

Es cierto que desde el momento en que yo lo había erigido en mi protector mi papel en sociedad fue infinitamente menos desagradable. Los hombres ya no se atrevían a buscarme porque el vizconde era un terrible espadachín y un celoso empedernido. Las mujeres, que habían predicho que yo sería incapaz de retener a un hombre, veían con despecho cómo el vizconde permanecía uncido a mi carro; y en mi paciencia para con él, tal vez hubiera algo de esa vanidad que no permite a una mujer parecer abandonada. No había mucho de qué presumir en la persona de aquel pobre Larrieux, pero era un hombre bastante apuesto, tenía corazón, sabía callarse a tiempo, llevaba un gran tren de vida, y tampoco carecía de esa fatuidad modesta que hace resaltar el mérito de una mujer. En fin, además de que las mujeres no desdeñaban en absoluto la fastidiosa belleza que a mí me parecía el principal defecto del vizconde, estaban sorprendidas de la devoción sincera que él me manifestaba, y lo proponían como modelo a sus amantes. Me encontraba pues en una situación envidiada; pero eso, se lo aseguro, sólo me resarcía a medias de los fastidios de la intimidad. Los soportaba no obstante con resignación y le guardaba a Larrieux una inviolable fidelidad. Vea, mí querido joven, si fui tan culpable para con él como usted cree.
 -La he comprendido perfectamente -le contesté-, es decir que la compadezco y la estimo. Hizo un verdadero sacrificio a las costumbres de su tiempo y fue perseguida porque valía más que esas costumbres. Con un poco más de fuerza moral, habría encontrado usted en la virtud toda la felicidad que no encontró en la intriga. Pero permítame sorprenderme por un hecho: que no haya encontrado usted a lo largo de su vida un solo hombre capaz de comprenderla y digno de convertirla al verdadero amor. ¿Hay que concluir que los hombres de hoy valen más que los de antaño?
 -Sería una gran fatuidad por su parte -me contestó riendo-. Tengo muy poco por lo que sentirme satisfecha de los hombres de mi tiempo y sin embargo dudo que hayan hecho ustedes muchos progresos; pero no moralicemos. Que sean lo que son; la culpa de mi infelicidad es sólo mía; no tenía inteligencia para juzgarlo. Con mi huraña altivez, habría tenido que ser una mujer superior y haber elegido, en una ojeada de águila, entre todos aquellos hombres tan vulgares, tal falsos y tan vacíos, a uno de esos seres verdaderos y nobles que son escasos y excepcionales en todos los tiempos. Yo era demasiado ignorante, demasiado limitada para eso. A fuerza de vivir, he adquirido más juicio: me di cuenta de que algunos de ellos que yo había confundido en mi pena, merecían otros sentimientos, pero entonces yo ya era vieja. Ya no era hora de atreverme. (Extracto del cuento de George Sand "La Marquesa" 1832)” 

Y Frederic (cuyo parecido con Guillermo Vilas en la foto que ilustra la nota, es sorprendente, la diferencia es que el Willy de nena no tiene nada)  escribiendo música como esta que magistralmente interpreta la pianista Martha Argerich “morocha argentina” en la obra : Polonaise N° 6 "Heroic" op. 53 

Fuentes:ciudadseva/celebrities/wikipedia.




Gracias: http://www.youtube.com/user/Greenpeacejohnnyen

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