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martes, 19 de abril de 2011

Entre realidad y ficción...,la vida.


En el barrio donde crecí, habitaban también Simón, su esposa Filomena, y unas cuantas cuadras más al sur Oscar, amigo de Simón y "novio" de Filomena.
Así lo decían a quien quisiera escuchar, las comadres del barrio que se regodeaban al decir: mirá ahí van Simón, Filomena y su novio.
Hace poco supe que Oscar que también estaba casado cuando ya era novio de Filomena (a la cual nunca dejó de visitar) enviudó, circunstancia que le permite ahora pasar mayor cantidad de tiempo con el amor de su vida, y el esposo de ésta.
Filomena  es un poco menor que sus dos hombres, pero los tres ya son grandes, no obstante ello esa extraña trilogía de amor-amistad-engaño continúa aún.
Alguna vez lo contó Jorge Amado en su maravillosa obra "Doña Flor y sus dos maridos" como también lo hizo allá por 1952 el escritor mexicano Juan José Arreola en "Confabulario" obra de la cual es extraído el siguiente relato:  "El Faro"

"Lo que hace Genaro es horrible. Se sirve de armas imprevistas. Nuestra situación se vuelve asquerosa.
Ayer en la mesa, nos contó una historia de cornudos. Era en realidad graciosa, pero como si Amelia y yo pudiéramos reírnos, Genaro la estropeó con sus grandes carcajadas falsas.
Decía: ¿es que hay algo más chistoso? Y se pasaba la mano por la frente, como buscando alguna protuberancia que allí hubiera crecido.
¿Cómo se sentirá llevar cuernos? agregaba sin tomar en cuenta para nada nuestra confusión.
Amelia estaba desesperada y yo tenía ganas de insultar a Genaro, de decirle toda la verdad a gritos, de salir corriendo de allí y no volver nunca.
Pero como siempre, algo me detenía. Amelia tal vez, aniquilada en esta situación intolerable.
Hace ya algún tiempo que la actitud de Genaro nos sorprendía. Se iba volviendo cada vez más tonto. Aceptaba explicaciones increíbles, daba lugar y tiempo para nuestros más descabellados encuentros.
Hizo diez veces la comedia del viaje, pero siempre volvió el día previsto. Nos absteníamos inútilmente en su ausencia y cuando regresaba, nos traía pequeños regalos y nos estrechaba de modo inmoral, besándonos de manera excesiva, apretándonos contra su pecho.
Amelia llegó a desfallecer de repugnancia entre semejantes abrazos.
Al principio hacíamos las cosas con temor, creyendo correr gran riesgo. La impresión que Genaro iba a descubrirnos en cualquier momento teñía nuestro amor de miedo y de vergüenza. La cosa era clara y limpia en este sentido. El drama flotaba realmente sobre nosotros, dando dignidad a la culpa.
Genaro lo ha echado a perder. Ahora estamos envueltos en algo turbio, denso y pesado.
Nos amamos con desgano, hastiados como esposos. Hemos adquirido poco a poco la costumbre insípida de tolerar a Genaro.
Su presencia es insoportable porque no nos estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio.
A veces el mensajero que nos trae las provisiones dice que la supresión de este faro es un hecho. Nos alegramos Amelia y yo en secreto.
Genaro se aflige visiblemente: ¿A dónde iremos? nos dice "Somos aquí tan felices" suspira.
Luego buscando mis ojos dice: Tú vendrás con nosotros a dondequiera que vayamos. Y se queda mirando el mar con melancolía." 
Entre  realidad y ficción ........, la vida.
       
Gracias:www.youtube.com/user/elsoldemivida

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