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viernes, 4 de marzo de 2011

Un chisme





Desde siempre, el chisme ha sido una práctica universal. Esa forma plebeya e incipiente de literatura, fabricada para interesar y cautivar, es el fruto dilecto de cualquier conversación. En el chisme, la memoria recupera historias y leyendas transmitidas, y la imaginación las moldea a voluntad. Su fascinante procedimiento, está emparentado con la novela. Pero al relato oral le está vedado la autoridad del texto inmutable; en él, todo es transitoriedad, reelaboración permanente, posibilidad pura. "Museo del chisme"  es un ensayo sobre el género  que Edgardo Cozarinsky escritor, cineasta y dramaturgo argentino  escribió en 1973,  y propone una deliciosa selección de anécdotas.  Minúsculos relatos sobre los personajes más variados -de Bioy Casares a Peter O´Toole, de Paul Bowles a Victoria Ocampo- en situaciones insólitas, triviales o ambiguas, se encuentran en el libro, uno de cuyos pasajes es el siguiente:

“Chisme Nº 28”

A principios de los años 50, Victoria Ocampo decide publicar en Sur una traducción de The Mint, el relato autobiográfico de su admirado T. E. Lawrence, donde éste describe con crudeza la vida de cuartel de los pilotos de la RAF.
Algunas obscenidades del texto la deciden a publicar dos ediciones simultáneas del libro, para eludir la censura peronista: una levemente expurgada, de venta pública; otra completa, que se venderá por suscripción. Decide asumir ella misma la traducción, con la complicidad amistosa de Ricardo Baeza.
Una tarde de verano, en el jardín de Villa Ocampo en Mar del Plata, ambos traductores se enfrentan, cada uno ante su máquina de escribir, para resolver una cuestión espinosa.
En el libro se habla mucho de masturbación y Victoria quiere traducir “hacerse la paja”. Baeza, siempre castizo, prefiere “hacerse la puñeta”. Tras un intercambio de  opiniones, Baeza esgrime una argumente que no puede sino ofender a su amiga: “puñeta” es más correcto porque deriva de puño, forma que adopta la mano del hombre en el acto de masturbarse.
“Las mujeres también se masturban y al hacerlo su mano no adopta forma de puño”, replica, airada, Victoria.
Continúa la discusión cada vez más áspera hasta que la dueña de casa decide terminarla: “¡Basta! ¡Este libro sale en Argentina, y aquí nadie se hace la puñeta, en la Argentina todos se hacen la paja”.
(Edgardo Cozarinsky -Museo del Chisme. Editorial Emecé)


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