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martes, 17 de abril de 2012

La víspera de ese día.

Foto de Luz A.Villa- Wikimedia.

Isaúl Arguellar era lo que se conoce comúnmente como "un tipo supersticioso" y como tal utilizaba todos los ritos y talismanes necesarios para que su vida transcurriera de la forma más normal posible y sin sobresaltos.
Ruda macho, patas de conejo, herraduras de la suerte, ajíes colorados colorados, manitos haciendo cuernos, tréboles de cuatro hojas, etc. eran artículos que se encontraban en su casa como se encuentra un jugo de frutas o un yogurt en la heladera.
Isaúl no embarcaba ni menos se hubiera casado (cruz diablo) en algún día martes,esquivaba a los gatos negros, y jamás osaría pasar debajo de una escalera. Minga. ¡¡y los viernes 13 eran para él algo terrorífico, al punto que siempre encontraba alguna excusa para no salir de su casa durante toda la jornada.
Pero ocurrió algo fuera de lo común en el lugar donde Isaúl vivía. Un fenómeno climático tipo tornado se abatió sobre la zona en la cual tenía su casa, y volaron techos, árboles, se cortó el suministro de agua y luz, cayeron muchos milímetros de agua, sopló viento huracanado  y todo fue durante varias, horas un caos.
Pero como siempre que llovió, paró, esto ocurrió y sobrevino la calma.
Isaúl como tantos otros ciudadanos del siglo XXI al no tener energía eléctrica a disposición se sentía el hombre más inútil del planeta. Por efecto de la tormenta  no recordaba si hoy era, miércoles, o jueves, o tal vez viernes y como odiaba los celulares y relojes de pulsera, no podía recurrir a los únicos elementos técnicos que funcionan aunque no haya corriente eléctrica, para informarse.
Pensó.
Ayer visité a mi hermana, y siempre voy los miércoles, así que hoy es jueves doce de abril, o jueves 13, no sé.
Bueno para el caso no importa; ahora que amainó el temporal voy al restaurant de Pepe, que tiene grupo electrógeno, buena cocina y es barato y me como una milanesa con fritas, o una completa, con dos huevos fritos.
Isaúl salió a la calle  apenas iluminada por la luz de la luna llena. Caminó dos cuadras y fue entonces que vio al gato negro que, sentado sobre el círculo que formaba con su cola lo observaba.
Quiso eludirlo retrocediendo, cuando advirtió que un vecino subido a una escalera  sobre la acera, trataba  de cerrar una ventana que golpeteaba con el viento.

Sin pensarlo, giró y cruzó la calle.
El colectivo de la línea 35, vacío y rápido a esa hora de la noche fue solo una sombra gigantesca que lo envolvió en un abrazo mortal.
El diario del lugar tituló: Viernes 13 -Agencia: Un hombre murió atropellado en los primeros minutos de la madrugada de hoy, por el interno 230  de la línea 35 cuando intentaba cruzar la calzada a la altura del 666 de la calle Guernica.
El hombre que aún no fue identificado solo portaba en sus bolsillos un llavero con un trébol de la suerte, dos llaves y unos pocos pesos en sus bolsillos.-
Dicen, y parece verdad que “nadie muere en la víspera”.
Solo cuando es el tiempo.

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