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domingo, 1 de mayo de 2011

Tan solo un feriado más.

                                                                           Foto OIT.Cinterfor
En épocas de la Roma Imperial, se les llamaban casi despectivamente"politari" para encuadrarlos dentro de la clase social más baja, que solo contaba con la fuerza de su trabajo.
Karl Marx le dio otro sentido a la denominación llamándola "clase obrera" iniciando así el antagonismo con la burguesía capitalista, quien fue la que engendró el proletariado, una clase social que vive en una situación de dependencia e inseguridad, siempre víctima de desigualdades sociales.
Este hecho constituye una negación de la libertad en el trabajo, en el consumo, en la cultura, en la vida de los conglomerados urbanos, en la desigualdad de la promoción humana.
El concepto de dignidad humana que coloca al hombre como centro, sujeto, protagonista y promotor de la historia, queda, de esta manera desvirtuado en los hechos.
Esto es, una gran cantidad de seres que sólo tienen al trabajo como posibilidad de vida.
No cuentan con reservas, su salario es el único ingreso, no poseen acceso a la cultura, y les está vedado el camino a la enseñanza promotora del desarrollo humano.
En lo económico se caracteriza el proletario por un bajo poder de compra como consecuencia de un salario reducido por la puja de los empleadores en su afán de disminuir costos.
La vida social perdió el sentido de lo humano, la economía, la política, la cultura se estructuran de acuerdo con otros módulos, distintos  de los que ponen el acento en el servicio del hombre.
Las ideas de suficiencia, felicidad humana y progreso, se centran casi en forma exclusiva en una consideración materialista y egoísta (exaltación del yo) de la realidad.
Este proletariado que puebla muchas ciudades, constituido por hombres y mujeres empobrecidos por la falta de algo propio, tiende a través de la democracia, a ser exaltado en lo político.
No obstante, en lo económico y social, se lo mantiene en un nivel de masa.
El problema no radica solo en una deficiente distribución de la renta nacional, a pesar de la importancia que el tema ha suscitado en el último tiempo, sino en la ausencia de espiritualidad y belleza de la vida y, en especial, de las actividades laborales a las que, de hecho, se reduce el quehacer de las masas.
El plano sindical argentino parece estar perdiendo sus objetivos primarios, la defensa a ultranza del trabajador con exclusión de los temas políticos partidarios.

El viernes 29 de abril, el titular de la Confederación General del Trabajo, y sus satélites organizaron un acto para conmemorar el día del trabajador (?) que nada tuvo que ver con los problemas de los asalariados en general; se trató más bien de un reclamo político que puede sintetizarse en una frase del único orador: “Los trabajadores estamos para reclamar algún cargo”. 
No es de extrañar entonces que los periodistas adeptos titulen sus notas indicando “La C.G.T. de Moyano“ adjudicándole el rol de patrón de estancia que mueve sus hatos a voluntad cuando y adonde quiere, motorice este reclamo. El titular de la CGT empleó su tiempo en pedir el voto popular para Cristina Fernández, (inteligente o consecuentemente ausente) en caso de participar de la contienda electoral, y reclamar sitios propios en las listas.

Actualmente el parlamento nacional cuenta con varios representantes de extracción sindical, pero evidentemente son más los que pujan por obtener un empleo de privilegio que los cupos disponibles.
De los problemas que afectan a los trabajadores y las posibles soluciones que encararía para solucionarlos la central obrera, hablará en otra ocasión, o nunca. 
Ante esto que es apenas un pequeño bosquejo de realidades más duras, flota el interrogante de, si es apropiado decir:  feliz día del trabajo.
BC.
Fuentes: Calvin y Perrin: Nuestro trabajo.
Paul Henry Chombart de Lauwe: Le travail.
Gilbert Blardone: Qu'est ce que le proletariat.
Antonio L.R. Vázquez Vialard "El trabajo humano"       




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